LO VOZ

diciembre 16, 2014

Voy de paseo por la mañana temprano cuando veo a una mujer ciega caminando delante de mí. Lleva bajo el brazo su cartera de trabajo, va bien arreglada, viste con buen gusto, palpa el camino con el blanco bastón largo de los invidentes que lleva en su mano derecha. Anda con soltura pero no puede ver que hay un coche atravesado en la calle y se va a tropezar con él. Me adelanto, le toco delicadamente en el hombro y le digo, “Cuidado, señora. Hay un coche atravesado en la calle. Yo la acompaño si me lo permite.”

Ella me toma del brazo, negociamos el coche atravesado, me dice tiene que cruzar el paseo de La Castellana para llegar a la parada de autobús. La llevo al semáforo y esperamos a que el rojo cambie a verde. Me pregunta:

– ¿No le retrasará esto a usted? 

– No, yo no voy al trabajo. Puedo ajustar mi tiempo.

– ¿Está usted jubilado?

– Sí. Tengo ochenta y un años.

– ¡Ochenta y un años! ¡Pero si tiene usted una voz de hombre joven!

– ¿Por qué le sorprende?

– Mire usted, yo soy ciega y me hago idea de la persona que me habla por su voz. En la voz se nota si es hombre o mujer, joven o mayor, triste o alegre. Y su voz está llena de vitalidad.

– Gracias, señora.

– Gracias a usted que me ha hecho un favor.

– Usted me ha hecho un favor mayor a mí.

– ¿Es ese que se oye el autobús?

– Sí, es su autobús.

– Adiós, buenos días.

– Adiós.

De vuelta en casa y al ir escribiendo esto me viene a la memoria que yo mismo había citado en uno de mis libros lo que un invidente había dicho del Maestro Bankei. No siempre consigo encontrar una cita mía en mis libros ya que he escrito demasiados, pero esta vez la encuentro pronto. Está en “Y La Mariposa Dijo…” p. 62, y es la siguiente:

“Un ciego habló del Maestro Bankei (1622-1693) y dijo lo mejor que de él sabía decir: ‘Soy ciego y no puedo ver el rostro de aquel con quien hablo. Debo, pues, juzgar su sinceridad por su voz. Mi experiencia es que cuando oigo a alguien felicitar a un amigo por su éxito, noto un dejo de envidia en su voz; y cuando escucho pésames en sociedad, percibo también una nota secreta de indiferencia. Pero eso no me sucede con Bankei: Cuando expresa alegría sólo hay alegría en su voz; y cuando expresa tristeza sólo es tristeza lo que escucho’.”

[Y sigue mi comentario en el libro:] “Mi voz es la mensajera de mi alma. Que sea entera, valiente, sincera. Que exprese con la totalidad de su vibración la totalidad de mi ser; que revele con la inocencia de su cantar la profundidad de mi sentir; que manifieste con su tonalidad afinada la transparencia de mi existencia. Que no haya sombras desafinadas en la melodía de mi vida.

Mi voz se forma en las entrañas de mi conciencia, surge a través de redes y tejidos, de diafragma y pulmones, de tensión y volumen, y se hace lenguaje inteligible en el milagro vocal de la encrucijada palpitante que es mi garganta. En esa voz está todo lo que yo soy, y ella me identifica con exactitud de huella dactilar ante la máquina futurista de ciencia ficción, y ante los oídos afinados del sabio invidente.

Mi voz delata mi estado de ánimo. Y me gusta saberlo, para aprender a modularla. Al oír mi propia voz caigo ahora en la cuenta de lo que tiene de falsa, de hueca, de cumplido engañoso o de etiqueta ensayada. Digo una cosa cuando siento otra, y las palabras son cumplidas porque van censuradas, pero la voz escapa toda censura y tiembla con la mentira oculta del semitono traicionero.

Quiero escuchar mi propia voz para analizar mi conciencia, tamizar mis sentimientos, afinar mi pesar. Quiero oírme hablar para saber cómo suena mi voz, cómo vibran mis vocales, cómo se articulan mis frases. Quiero detectar las disonancias afectivas entre lo que siento y lo que digo. Quiero eliminar todo rastro de divergencia entre el sentir de mis entrañas y el sonido de mi voz. Quiero cantar con voz llena el aria de mi vida, sin que le quede la menor duda ni a mí ni a nadie de que siento lo que pienso y digo lo que siento. Que la voz sea verdad para que la vida sea testimonio.”

Eso fue lo que escribí en el libro. Hoy me lo ha recordado una cieguecita. La voz es la persona.

Parábolas de Shri Ramakrishna

Tomado de la web de Carlos Valles

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