GLOSARIO DEL HO’OPONOPONO

octubre 24, 2017

Te quiero compartir este  glosario del creador de sistema hawaiano del perdón y el amor, HO’OPONOPONO. Viene  incluido en el libro CERO LIMITES.

“Ho’oponopono es un regalo profundo que permite desarrollar una relación que trabaja interiormente con la Divinidad, desde adentro, y nos enseña a pedir, en cada momento, que nuestros errores en el pensamiento, palabras, hechos ó acciones, sean limpiados, sean corregidos. El proceso es esencialmente sobre libertad, libertad completa del pasado.”

golondrinajunco

En su libro  “Cero Límites”  JOE VITALE IHALEAKALA HEW LEN, PhD

Hace unos meses se me ocurrió la idea de hacer un glosario parlante de los personajes esenciales de la auto identidad Ho’oponopono. Puede familiarizarse con cada uno de ellos a su propio ritmo.

1. Auto identidad: Yo soy la auto identidad. Estoy formada por cuatro elementos: la Inteligencia Divina, la mente súper consciente, la mente consciente y la mente subconsciente. Mis fundamentos, el vacío y el infinito, son una réplica exacta de la Inteligencia Divina.

2. Inteligencia Divina: Yo soy la Inteligencia Divina. Soy el infinito. Yo creo las auto identidades e inspiraciones. Yo transmuto los recuerdos y los convierto en nada.

3. Mente súper consciente: Yo soy la mente súper consciente. Yo superviso la mente consciente y la mente subconsciente. Evalúo y hago cambios apropiados en la solicitud Ho’oponopono a la Inteligencia Divina iniciada por la mente consciente. No me afectan los recuerdos que se repiten en la mente subconsciente. Yo siempre soy una con el Creador Divino.

4. Mente consciente: Yo soy la mente consciente. Poseo el don de la elección. Puedo permitir que los recuerdos incesantes dictaminen la experiencia de la mente subconsciente y mía o puedo iniciar la liberación de dichos recuerdos a través de la práctica incesante del Ho’oponopono. Puedo solicitar instrucciones de la Inteligencia Divina.

5. Mente subconsciente: Yo soy la mente subconsciente. Soy el almacén de todos los recuerdos acumulados desde el inicio de la creación. Soy el lugar donde las experiencias son experimentadas en forma de recuerdos que se repiten o inspiraciones. Soy el lugar donde residen el cuerpo y el mundo en forma de recuerdos que se repiten y como inspiraciones. Soy el lugar donde viven los problemas en forma de recuerdos que reaccionan.

6. Vacío: Yo soy el vacío. Soy el fundamento de la auto identidad y del cosmos. Soy el lugar donde nace la inspiración de la Inteligencia Divina, el infinito. Los recuerdos que se repiten en la mente subconsciente me desplazan, pero no me destruyen, lo cual evita el flujo de inspiraciones que provienen de la Inteligencia Divina.

7. Infinito: Yo soy el infinito, la Inteligencia Divina. Las inspiraciones, fluyen de mí como frágiles rosas, hacia el vacío de la auto identidad, donde son fácilmente desplazadas por las espinas de los recuerdos.

8. Inspiración: Yo soy la inspiración. Soy una creación del infinito, la Inteligencia Divina. Me traslado desde el vacío a la mente subconsciente. Se me suele ver como una ocurrencia totalmente novedosa.

9. Memoria: Yo soy la memoria. Soy un registro de una experiencia pasada localizado en la mente subconsciente. Cuando me detonan, repito las experiencias pasadas.

10. Problema: Yo soy el problema. Soy la memoria que repite una experiencia pasada nuevamente en la mente subconsciente.

11. Experiencia: Yo soy la experiencia. Soy el efecto de los recuerdos que se repiten o las inspiraciones en la mente subconsciente.

12. Sistema operativo: Yo soy el sistema operativo. Puedo hacer funcionar a la auto identidad con el vacío, la inspiración y la memoria. 13.Ho’oponopono: Yo soy Ho’oponopono. Soy un antiguo proceso Hawaiano para resolver problemas actualizado por Morrnah Nalamaku Simeona, Kahuna Lapa’au, reconocida como un Tesoro Viviente de Hawai en1983. Estoy compuesto por tres elementos: arrepentimiento, perdón y transmutación. Soy una solicitud iniciada por la mente consciente a la Inteligencia Divina para anular recuerdos y reestablecer la auto identidad. Empiezo en la mente consciente.

14. Arrepentimiento: Yo soy el arrepentimiento. Soy el comienzo del proceso de Ho’oponopono iniciado por la mente consciente en forma de solicitud a la Inteligencia Divina para transmutar los recuerdos y convertirlos en nada. Conmigo, la mente consciente reconoce su responsabilidad por la repetición de problemas que realiza la memoria en la mente subconsciente, y por haberlos creado, aceptado y acumulado.

15. Perdón: Yo soy el perdón. Junto con el arrepentimiento, soy una solicitud de la mente consciente al Creador Divino de transformar los recuerdos de la mente subconsciente en nada. La mente consciente no sólo se arrepiente sino que también pide a la Inteligencia Divina que la perdone.

16. Transmutación: Yo soy la transmutación. La Inteligencia Divina me usa para neutralizar y liberar los recuerdos convirtiéndolos en nada en la mente subconsciente. Sólo puedo ser usada por la Inteligencia Divina.

Ho’oponopono. Les deseo paz más allá de todo lo comprensible.

O Ka Maluhia no me oe.

Que la paz los acompañe

Ihaleakala Hew Len, Ph.D. Director emérito The Foundation of I, Inc. Freedom of the Cosmos

El arte del éxtasis

octubre 10, 2017

las hojas de otoño

PARA MÍ, TÚ ERES LO MÁS IMPORTANTE.
Si eres capaz de entender esto, entonces podré decir algo más.
Con “Consciencia” quiero decir un movimiento hacia un “estar totalmente vivo”.
Nunca estás totalmente vivo; a veces estás más vivo – eso, lo sabes –
y a veces estás menos vivo.
Y cuando estás más vivo, te sientes feliz.
La felicidad no es nada más que una interpretación de tu “estar vivo”
en un mayor grado.
Si amas a alguien, entonces, con ella, te sientes más vivo, y ese mayor “estar vivo”
te aporta el sentimiento de felicidad.
Luego vas proyectando las razones de tu felicidad sobre los demás.
Cuando te encuentras con la naturaleza, estás más vivo.
Cuando estás en la montaña, estás más vivo
y cuando vives solamente con máquinas, estás menos vivo,
por causa de la asociación.
Con los árboles estás más vivo porque una vez fuiste árbol.
En lo más profundo somos simplemente árboles andantes,
con raíces en el aire, no en la tierra.
Y cuando miras al océano te sientes más vivo
porque la primera vida nació en el océano.
De hecho, en nuestros cuerpos todavía tenemos la misma composición de agua que el océano,
la misma cantidad de sal que tiene el océano.
Cuando estás con una mujer, si eres del sexo opuesto,
empiezas a sentirte más vivo que si estás con un hombre.
Con un hombre te sientes menos vivo porque nada está tirando de ti.
Estás encerrado, la energía opuesta tira de ti hacia afuera; la llama oscila,
tú te sientes más vivo.
Y siempre que empieces a sentirte más vivo, empezarás a sentirte feliz.
Cuando empleamos la palabra “alma”, queremos decir “estar totalmente vivo”;
estar totalmente vivo no respecto a alguien más,
si no respecto a nosotros mismos.
Estar totalmente vivo sin causas exteriores.
El océano no está ahí y tú te conviertes en el océano;
el cielo no está ahí y te conviertes en puro espacio;
la amada no está ahí y tú eres puro amor,
nada más.
Lo que quiero decir es que empiezas a vivir de forma independiente.
No existe dependencia de nadie ni de nada:
estás liberado. Y con esta liberación, esta liberación interior,
no puedes perder tu felicidad.
Esto es vivir totalmente,
esto es CONSCIENCIA TOTAL.
No puede perderse.

OSHO
MEDITACIÓN: el arte del éxtasis
Buenos días

FACIL o DIFICIL?

octubre 2, 2017

facil
“Secuenta que había un gran maestro llamado Buso, que vivía
con su esposa y una hija, todos con fama de sabiduría y santidad.
Un día se acercó un hombre al maestro y le preguntó:
—La iluminación ¿es fácil o difícil?
Y Buso le contestó:
—Es tan difícil como alcanzar la luna.
No conforme, el hombre se acercó a la mujer de Buso y le hizo la
misma pregunta, a lo que ella le contestó:
—Es muy fácil. Es tan fácil como beberse un vaso de agua.
Intrigado se quedó el hombre y para salir de dudas le hizo la mis-
ma pregunta a la hija del maestro, que le contestó:
—¡Hombre!, si lo haces difícil es difícil, pero si lo haces fácil…”
Anthony de Mello

El príncipe feliz.

septiembre 8, 2017

El príncipe feliz.
(Oscar Wilde)

En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.

Por todo lo cual era muy admirada.

-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.

Y realmente no lo era.

-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.

 

-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.

-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.

-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?

-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.

Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.

Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.

Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.

Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.

Y el Junco le hizo un profundo saludo.

Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.

Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.

-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.

Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.

Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.

golondrinajuncoY realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.

-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.

-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.

Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.

-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.

Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.

Entonces divisó la estatua sobre la columnita.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.

Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.

-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.

Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.

La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!

Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.

Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.

-Soy el Príncipe Feliz.

-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.

-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita – dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.

-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.

Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.

Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!

Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.

Y cayó en un delicioso sueño.

Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.

Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.

Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.

Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.

Por todas parte a donde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:

-¡Qué extranjera más distinguida!

Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.

-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.

Y se puso a llorar.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.

Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.

Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.

Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.

– Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.

-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.

-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.

Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.

Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

-¡Qué hambre tenemos! -decían.

-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.

Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.

Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.

Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.

Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto a donde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?

Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacía un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.

Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.

Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales.

Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.

Y el Junco le hizo un profundo saludo.

Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.

Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.

-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.

Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.

Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.

Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.

-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.

Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.

-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.

-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.

Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.

-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!

Y la Golondrina se fue.

Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.

-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.

Entonces divisó la estatua sobre la columnita.

-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.

Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.

-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.

Y se dispuso a dormir.

Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.

-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.

Entonces cayó una nueva gota.

-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.

Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.

La Golondrina miró hacia arriba y vio… ¡Ah, lo que vio!

Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.

Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.

-¿Quién sois? -dijo.

-Soy el Príncipe Feliz.

-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.

-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.

«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.

-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita – dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!

-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.

Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.

-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.

-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.

Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.

Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.

Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.

Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.

-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!

-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!

Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.

Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.

La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.

-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.

Y cayó en un delicioso sueño.

Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.

Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.

Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.

-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!

Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.

Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!…

-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.

Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.

Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.

Por todas parte a donde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:

-¡Qué extranjera más distinguida!

Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.

-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?

-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.

-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.

-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?

-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.

-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.

Y se puso a llorar.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.

Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.

El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.

-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.

Y parecía completamente feliz.

Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.

Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.

-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.

-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.

Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.

-He venido para deciros adiós -le dijo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?

-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.

-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.

-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.

-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.

Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.

-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.

Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.

– Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.

-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.

-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.

Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.

Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.

-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.

Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.

Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.

Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.

-¡Qué hambre tenemos! -decían.

-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.

Y se alejaron bajo la lluvia.

Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.

-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.

Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.

Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.

-¡Ya tenemos pan! -gritaban.

Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.

Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.

Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.

La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.

Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.

Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.

-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.

-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.

-No es a Egipto a donde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?

Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.

En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.

El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacía un frío terrible.

A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.

Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.

-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!

-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.

Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.

-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.

-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.

-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.

Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.

Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.

-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.

Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.

-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

-O la mía -dijo cada uno de los concejales.

Y acabaron disputando.

-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.

Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.

-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.

Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.

“The Happy Prince”,
The Happy Prince and Other Tales, 1888

DESPUES DE UN TIEMPO

agosto 22, 2017

Después de un tiempo…

-Después de un tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrera un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.gracias

-Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas; comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto, y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos, y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

-Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás, incluso, que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

-Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma; descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla, y que también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.

-Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa qué es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

-Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo, haciendo cualquier cosa o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar de su compañía.

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan, por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.

Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvocuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.

Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a dónde te diriges y si no lo sabes… cualquier lugar sirve.

Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán, y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación… siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias. Aprenderás que la paciencia requiere de mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque le estarías quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel. Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo.

No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte tú mismo.

Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, serás juzgado. Que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. El tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar a que alguien te traiga flores.

Entonces, y sólo entonces, sabrás realmente lo que puedes soportar; sabrás que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no podías más.

Y es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla.

 

WILLIAM SHAKESPEARE

LIMPIEZA PARA AÑO NUEVO

enero 5, 2017

 LIMPIEZA PARA EL AÑO NUEVO

La semana pasada tiré “El Preocuparme” , se estaba poniendo viejo y me estorbaba. Me impedía ser yo mismo; no podía actuar a mi modo.

Tiré ‘”Esas Inhibiciones” ; no dejaban lugar para mí. Hice lugar para mí ‘”Nuevo Crecimiento” , me deshice de “Mis Viejos Sueños y Dudas”.

Tiré un ‘libro sobre “Mi Pasado” (Igual no tenía tiempo para leerlo). Lo reemplacé con “Nuevas Metas”, y empecé a leerlo hoy.

Conseguí una “Nueva Filosofía” . Compré algunos nuevos libros llamados “Puedo” , “Haré” y “Debo” . Tiré “Podría” , “Yo Haría” y “Debería” . ¡Ah, ‘si hubieras visto el polvo!

Me topé con un “Viejo Amigo”; no lo había visto hace un buen tiempo, creo que su nombre es Dios. Sí, realmente me gusta su forma de ser.

Me ayudó con la limpieza y Él mismo agregó algunas cosas tales como Oración, Esperanza y Fe. También me regaló algo muy especial que puse en la puerta principal de mi hogar; se llama “PAZ” . Ahora ya nada me puede abatir. Mi casa está muy linda, todo se ve bien. Para cosas como”Preocupac iones” y “Problemas&quo t;, no hay lugar.

Es bueno limpiar la casa, especialmente la interior. Deshacerse de muchas cosas viejas, para empezar un año nuevo, especialmente nuevo.

Realmente ahora todo se ve más alegre. Tú deberías tratar de hacer lo mismo. No es fácil, pero tampoco es imposible.

Autor Desconocido
Compartido por Ana Rivera y Alicia Petkiewicz

LO VOZ

diciembre 16, 2014

Voy de paseo por la mañana temprano cuando veo a una mujer ciega caminando delante de mí. Lleva bajo el brazo su cartera de trabajo, va bien arreglada, viste con buen gusto, palpa el camino con el blanco bastón largo de los invidentes que lleva en su mano derecha. Anda con soltura pero no puede ver que hay un coche atravesado en la calle y se va a tropezar con él. Me adelanto, le toco delicadamente en el hombro y le digo, “Cuidado, señora. Hay un coche atravesado en la calle. Yo la acompaño si me lo permite.”

Ella me toma del brazo, negociamos el coche atravesado, me dice tiene que cruzar el paseo de La Castellana para llegar a la parada de autobús. La llevo al semáforo y esperamos a que el rojo cambie a verde. Me pregunta:

– ¿No le retrasará esto a usted? 

– No, yo no voy al trabajo. Puedo ajustar mi tiempo.

– ¿Está usted jubilado?

– Sí. Tengo ochenta y un años.

– ¡Ochenta y un años! ¡Pero si tiene usted una voz de hombre joven!

– ¿Por qué le sorprende?

– Mire usted, yo soy ciega y me hago idea de la persona que me habla por su voz. En la voz se nota si es hombre o mujer, joven o mayor, triste o alegre. Y su voz está llena de vitalidad.

– Gracias, señora.

– Gracias a usted que me ha hecho un favor.

– Usted me ha hecho un favor mayor a mí.

– ¿Es ese que se oye el autobús?

– Sí, es su autobús.

– Adiós, buenos días.

– Adiós.

De vuelta en casa y al ir escribiendo esto me viene a la memoria que yo mismo había citado en uno de mis libros lo que un invidente había dicho del Maestro Bankei. No siempre consigo encontrar una cita mía en mis libros ya que he escrito demasiados, pero esta vez la encuentro pronto. Está en “Y La Mariposa Dijo…” p. 62, y es la siguiente:

“Un ciego habló del Maestro Bankei (1622-1693) y dijo lo mejor que de él sabía decir: ‘Soy ciego y no puedo ver el rostro de aquel con quien hablo. Debo, pues, juzgar su sinceridad por su voz. Mi experiencia es que cuando oigo a alguien felicitar a un amigo por su éxito, noto un dejo de envidia en su voz; y cuando escucho pésames en sociedad, percibo también una nota secreta de indiferencia. Pero eso no me sucede con Bankei: Cuando expresa alegría sólo hay alegría en su voz; y cuando expresa tristeza sólo es tristeza lo que escucho’.”

[Y sigue mi comentario en el libro:] “Mi voz es la mensajera de mi alma. Que sea entera, valiente, sincera. Que exprese con la totalidad de su vibración la totalidad de mi ser; que revele con la inocencia de su cantar la profundidad de mi sentir; que manifieste con su tonalidad afinada la transparencia de mi existencia. Que no haya sombras desafinadas en la melodía de mi vida.

Mi voz se forma en las entrañas de mi conciencia, surge a través de redes y tejidos, de diafragma y pulmones, de tensión y volumen, y se hace lenguaje inteligible en el milagro vocal de la encrucijada palpitante que es mi garganta. En esa voz está todo lo que yo soy, y ella me identifica con exactitud de huella dactilar ante la máquina futurista de ciencia ficción, y ante los oídos afinados del sabio invidente.

Mi voz delata mi estado de ánimo. Y me gusta saberlo, para aprender a modularla. Al oír mi propia voz caigo ahora en la cuenta de lo que tiene de falsa, de hueca, de cumplido engañoso o de etiqueta ensayada. Digo una cosa cuando siento otra, y las palabras son cumplidas porque van censuradas, pero la voz escapa toda censura y tiembla con la mentira oculta del semitono traicionero.

Quiero escuchar mi propia voz para analizar mi conciencia, tamizar mis sentimientos, afinar mi pesar. Quiero oírme hablar para saber cómo suena mi voz, cómo vibran mis vocales, cómo se articulan mis frases. Quiero detectar las disonancias afectivas entre lo que siento y lo que digo. Quiero eliminar todo rastro de divergencia entre el sentir de mis entrañas y el sonido de mi voz. Quiero cantar con voz llena el aria de mi vida, sin que le quede la menor duda ni a mí ni a nadie de que siento lo que pienso y digo lo que siento. Que la voz sea verdad para que la vida sea testimonio.”

Eso fue lo que escribí en el libro. Hoy me lo ha recordado una cieguecita. La voz es la persona.

Parábolas de Shri Ramakrishna

Tomado de la web de Carlos Valles

ACEPTACION, LO QUE ES, ES

diciembre 11, 2014

“Ríndete al momento. Remóntate sobre él, por todo lo que esto vale la pena. Lánzate sobre él. Deja de resistirte.

Gran parte de nuestra angustia se crea cuando nos estamos resistiendo. Es posible sentir gran alivio, consuelo y cambio cuando aceptamos, cuando simplemente aceptamos.

Perdemos nuestro tiempo, desperdiciamos nuestra energía y hacemos más difíciles las cosas al resistir, reprimir y negar. El reprimir nuestros pensamientos no hará que éstos desaparezcan. Reprimir un pensamiento ya formado no nos hará una persona mejor. Piénsalo. Deja que se haga realidad. Luego, libérate de él. Un pensamiento no es para siempre. Si no nos gusta, podemos pensar otro o cambiarlo. Pero para hacerlo, debemos aceptar el primer pensamiento y liberarnos de él.

La resistencia y la represión no cambiará nada. Nos podrán en guerra con nuestros pensamientos.

Nos hacemos la vida más difícil al resistir y reprimir nuestros sentimientos. No importa cuán oscuro, cuán incómodos, cuán injustificados, cuán sorprendentes, cuan “inadecuados” consideremos que sean nuestros sentimientos, resistirnos y reprimirlos no nos librara de ellos. Hacerlo los empeorara. Se moverán como torbellino en nuestro interior, nos atormentaran, nos enfermaran, harán que nos duela el cuerpo, nos obligaran a hacer cosas compulsivas, nos mantendrán despiertos o nos podrán a dormir.

En el análisis final lo único que se nos pide hacer es aceptar nuestros sentimientos sintiéndonos y diciendo: “Si, esto es lo que siento”.

Los sentimientos son para el momento presente. Entre mas rápido aceptemos un sentimiento, mas pronto nos moveremos al siguiente.

Resistir o reprimir pensamientos o sentimientos no nos hara cambiar ni convertirnos en la persona que queremos ser o que pensamos que deberíamos ser. Nos pone en resistencia a la realidad. Nos hace reprimidos. A veces nos deprime.

Resistirnos a los eventos o a las circunstancias de nuestra vida no cambia las cosas, no importa qué indeseables puedan ser los eventos o las circunstancias.

La aceptación nos convierte en la persona que somos y que queremos ser. La aceptación les da poder a los eventos y a las circunstancias para que se conviertan en lo mejor.

¿Qué hacemos si estamos resistiéndonos en una guerra sin cuartel contra alguna realidad en nuestra vida? Aceptar nuestra resistencia puede ayudarnos, también, a superarla. Aceptación no significa que estemos dando nuestra aprobación. No significa que nos sometamos a la voluntad y a los planes de otro. No significa compromiso. No es para siempre. Es para el momento presente. La aceptación no hace las cosas más difíciles. Las hace más fáciles. La aceptación no significa que aceptemos el abuso o el maltrato; no significa que renunciemos a nosotros mismos, a nuestros límites, esperanza, sueños, deseos o necesidades. Significa que aceptemos lo que es, para que sepamos qué hacer para cuidar de nosotros mismos y qué límites necesitamos fijar. Significa que aceptamos lo que hay, y quienes somos, en el momento presente, para que estemos libres de cambiar y de crecer.

La aceptación y el sometimiento nos lleva hacia delante en este viaje. La fuerza no funciona.

La aceptación y el sometimiento, dos conceptos que lastiman más antes de practicarlos.

“Hoy practicaré aceptarme a mí mismo y a mis circunstancias actuales. Empezaré a ver y a confiar en la magia que la aceptación puede traer a mi vida y a mi recuperación”.

Melody Beattie. El Lenguaje del Adiós.

EMPEZANDO EL DIA

noviembre 26, 2014

Inyecta energía positiva a tus actividades, el día a día  con plenitud  la mayoría de las veces es  sólo es cuestión de actitud.

-Desayuna: No te brinques el aporte nutricional mas importante del día, proteína, un poco de cereales y azúcar  te darán el combustible necesario para  nuestras actividades.

– Aliméntate adecuadamente: Hay  alimentos que nos dan para arriba  y otros que nos  dan para abajo,  el exceso de azucares y refinados  tienden  a  darnos  energía momentánea  y despúes de un rato  nos  infunden sensación de  cansancio, en cambio  todo lo verde y fresco nos  da  energía. Combina  tus menús de  tal manera  que  lleven lo incluido y en proporción a   la pirámide de alimentación.

– Realiza algún deporte:camina, trota, baila, nada,  romper con tu metabolismo  provoca  grandes cambios en tu estilo de vida  además  de provocar endorfinas  y altas dosis de creatividad ya que es un momento que  dedicas  para ti  y tu sensibilidad.

– Gasta en experiencias:  no es lo que  tienes, es como has vivído y nutrido el espíritu,  compra lo que  te llena y te satisfaga  de tal manera  que al momento de  evocarlo te produzca  sonrisas.

– Sé asertiva: di lo que piensas, compartelo de tal manera como te gustaría que lo compartieran contigo,  establece  tus  códigos sin manipulación o chantaje  emocional, si se puede.

– Enfrenta retos:  “Quien dijo que no se podía” las satisfacción de cumplir con tus propios retos  es incomparable. Eso que piensas,  manos a la obra.

– Sé amable: “Empatía”  lo cortes abre puertas, una sonrisa  es  tu mejor aliada.

– Cuida tu postura: Tu postura  habla mucho de ti y de tu seguridad,  los corredores  van con la vista hacia el frente,  derechos  y levantando  las piernas,  siempre  llegan a la meta.

– Escucha música: Nada  mejor que la música  para  empezar un buen día  y  si va malo, lo compone.

– Gratitud: Agradece por adelantado tu día,  verás como  empiezas  totalmente  vigorizado al saberte  vivito y coleando.

– Disfruta tu atractivo: Siéntete bien,  el darte cuenta  de tus encantos  no te hace  vanidoso(a)  solo te permite saberte valioso y capaz  de  llegar a donde te lo propongas.

Un video que me encanta…los niños  nuestros mejores  ejemplos, dale click!!!

Así deberíamos despertar todos los días

 

y entonces aprendí

octubre 8, 2014

APRENDERÁS (William Shakespare)  

Después de algún tiempo…
Aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma; y aprenderás, que amar no significa apoyarse y que compañía, no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender; que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas. Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto; y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para tus proyectos y el futuro, tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo…
Aprenderás, que el Sol quema si te expones demasiado. Aceptarás; incluso, que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza; y apenas unos segundos destruirla, y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias; y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos, son la familia que nos permiten elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que lo amigos cambian. Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa; o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan; y por eso siempre debemos decir a esa persona que la amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que la veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzaras a aprender que no nos debemos compararnos con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser; y que el tiempo, es corto.
Aprenderás que no importa donde llegaste; sino a donde te diriges, y si no lo sabes, cualquier lugar sirve.
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan; y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes, son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias.
Aprenderás que la paciencia, requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de la experiencia, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti, de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes; y sería una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero no saben cómo demostrarlo. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien; algunas veces, tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas; también serás juzgado y en algunos momentos, condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver hacia atrás; por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces, y sólo entonces, sabrás
realmente lo que eres capaz de soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas, cuando creías que no se podía más. Es que realmente la vida vale, cuando tienes el valor de enfrentarla.

…Lo siento, te perdono, gracias, te amo

***El ahora, es un regalo. Lo que celebres permanece  en ti ***

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¿Que son las Flores de Bach?

Los 7 grupos emocionales

1. Temores
2. Sensación de incertidumbre

3. Desinterés en lo actual
4. Manifestaciones de la soledad
5. Sucsceptibilidad a las influencias y opiniones de los demás.
6. Duelos, desesperación y abatimiento
7. Preocupación excesiva por los demás

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